Escándalo y superados

Es difícil explicarlo. Pero el Madrid es líder porque sus futbolistas juegan con cobertura aérea y con impunidad para tirarse a la piscina repetidamente sin que pase nada y los del Barça actúan al borde del ataque de nervios, viendo repetidamente como por una cosa o por otra últimamente siempre sale perjudicado. Eso, que posee […]

Es difícil explicarlo. Pero el Madrid es líder porque sus futbolistas juegan con cobertura aérea y con impunidad para tirarse a la piscina repetidamente sin que pase nada y los del Barça actúan al borde del ataque de nervios, viendo repetidamente como por una cosa o por otra últimamente siempre sale perjudicado. Eso, que posee un tono escandaloso evidente, se mezcla con un Barça más gris de lo esperado, con un Girona más brillante de lo visto hasta ahora y un árbitro y un VAR que fallan estrepitosamente en una falta de Echeverri a Koundé. Son los únicos que no lo vieron. En el fútbol de la máxima sensibilidad, el Barça sale continuamente perjudicado. Otra cuestión es que debe meter los penaltis y no jugar solo a un gran nivel 45 minutos (la primera parte).

Flick no quiso recurrir a las excusas. Le honra. Cubarsí reclamó autocrítica al final del encuentro y algunos jugadores blaugrana acabaron indignados por la repetición en los errores arbitrales. Pero el FC Barcelona hizo una segunda parte muy poco consistente. Encajó demasiado rápido el gol del empate y no consolidó su solidez defensiva. Había perdonado demasiado después de salir con una gran intensidad en los primeros 45 minutos, muy diferentes en actitud a los del Metropolitano. El Girona se aprovechó de un rival irregular, saliendo con el balón controlado y creando peligro delante, ante un equipo que dominó al principio y se dejó llevar luego. La presencia de Raphinha mejoró el tono del Barça desde el inicio y se notó su ausencia con el cambio como se está notando que Pedri no esté sobre el césped. 

Uno de los mejores futbolistas blaugrana fue Joan Garcia, que en la segunda mitad salvó al equipo con un par de paradas impresionantes. Es la segunda derrota consecutiva de un Barça que da la sensación de que acumula cansancio, pero que fundamentalmente es excesivamente irregular. No debería poner en duda el sistema, pero es necesario mayor compromiso defensivo (en todas las zonas) y mayor acierto en el área. Queda mucho y hay que reaccionar. Este Barça puede hacerlo. No vale la depresión.