Después de convertirse en el primer equipo en la historia de las Grandes Ligas en enlazar temporadas consecutivas de 100 derrotas con un boleto a los playoffs, nadie habría reprochado a los Medias Blancas que el jueves celebraran a lo grande en el terreno del Kauffman Stadium.
En cambio, formaron sin aspavientos una fila para darse la mano, como si su victoria 9-1 sobre los Reales hubiera sido cualquier juego vespertino de mitad de verano.
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Los Medias Blancas aseguraron, como mínimo, uno de los tres puestos de comodín de la Liga Americana con la paliza en Kansas City, y en el vestuario visitante, cubierto con plástico, las botellas de Moët se apilaban rápidamente. El cubano Miguel Vargas estaba empapado, Munetaka Murakami sonreía de oreja a oreja y un equipo del que se esperaba que terminara último en la División Central de la Liga Americana disfrutaba de una aparición de postemporada de lo más improbable.
“Esto significa mucho para nosotros”, comentó Vargas. “Llevamos mucho tiempo persiguiendo este momento. Es especial para nosotros. Es especial para toda la organización. Este es un grupo especial de muchachos, y es lo más divertido que podemos tener”.
Eso quizá sea un poco de hipérbole. Los Medias Blancas podrían estar replicando —o superando— la celebración este fin de semana.
