Hay dos canciones que resultan elementales para entender The Departed, la película de 2006 que le dio, por fin, un Óscar a Martin Scorsese: Gimme Shelter, de los Rolling Stones, y I’m Shipping Up To Boston, de los Dropkick Murphys. La primera, gloria absoluta del tándem Jagger-Richards, funge como recordatorio permanente de que la guerra se encuentra siempre a la vuelta de la esquina y acompaña, por supuesto, la alargada sombra de un Frank Costello, encarnado por Jack Nicholson, que opera como termómetro: cuando está de buenas, todo funciona; cuando está de malas, empieza a correr la sangre. La otra, el exitazo de los Dropkick Murphys, tiene como objetivo ubicar geográficamente la película; la rola es quizá el gran faro del rock celta: uno empieza a escucharla y quiere, de golpe, engullirse cinco litros de cerveza Guinness. Boston se convirtió entre 1842 y 1852 en la ciudad norteamericana con mayor herencia y diáspora irlandesa; otra película para constatarlo es The Town -o, como a mí me gusta llamarla, lo mejor que ha hecho Ben Affleck.
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