Una de las costumbres del discurso público que rodea cada aspecto de la NFL es quejarse por la programación de los partidos seleccionados para el primetime. Año tras año, da la sensación que eventualmente la liga se encuentra con un cierto lapso, digamos de dos o tres semanas, en donde, a priori, el menú no satisface los deseos de una supuesta “mayoría”.
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